Desde hace ya unos cuantos años y derivado de la situación económica que nos ha tocado vivir, hemos venido observando como ha habido una serie de palabras que se han ido poniendo de moda. Voy a evitar mencionar las relacionadas con mercados financieros (primas de riesgo, rescate,….) y me voy a centrar en otras más mundanas, comprensibles  y de relación directa con la empresa: “Emprender” e “Innovación”,

Así, de una manera más o menos natural, a los que se han quedado sin trabajo por cuenta ajena, como solución a su situación, les hemos dicho: “Emprende. Es el futuro”

De la misma manera, a las empresas ya en funcionamiento, que iban aguantando sin cerrar, les hemos dicho: “Innova. Es el futuro”.

Que conste que estoy de acuerdo con ambas afirmaciones aunque con matices. El primer matiz tiene que ver con el origen. Estas frases suelen estar presentes en un contexto de marcado carácter político y vienen a decir más o menos: “búscate la vida, porque como esperes por mi…”

El segundo matiz es la separación de ambas palabras, cuando para mi son la misma, o casi la misma. Un emprendedor realmente lo que hace es innovar (o debería) y un innovador es un emprendedor  y si no lo es, nunca será capaz de transformar su innovación en producto. Y esto hace que no tenga sentido determinados comportamientos de la administración encaminados a fomentar estas dos cuestiones. Aunque esto ya tocará en otro post.

Así, que si estamos de acuerdo, en que tenemos que buscarnos la vida (porque no parece haber otra solución) y que ambos conceptos son el mismo, me pregunto: ¿Tenemos cultura para ello?, ¿nos han educado para ser innovadores o emprendedores?. La respuesta es NO.

A la vista de eso, tendremos que “aprenderlo” y los procesos de aprendizaje son lentos, muuuuuuuuuy lentos. Así que es fácil encontrarse lo siguiente:

En la empresa

Hablas con empresarios y la frase más oída a día de hoy, en cualquier empresa media consolidada, es: “Nos hemos ajustado y esperamos mantenernos hasta que las cosas se recuperen”.

¡¡¡¡Que NO!!!!!, ¡¡¡¡¡que no se van a recuperar!!!!!, las cosas son y serán distintas, no volveremos al pasado, hemos vivido y estamos viviendo una revolución, con sus cosas buenas y sus cosas malas. No te puedes limitar a esperar, porque si esperas tarde o temprano, desgraciadamente te llegará la hora.

Hay que empezar a cambiar cosas, hay que empezar a adaptarse a una nueva situación si no lo has hecho ya. Crea algo nuevo, utiliza los medios que se han puesto en tu mano, y que no necesariamente requieren grandes inversiones.

La democratización de la tecnología hace que nuestros clientes estén en cualquier parte del mundo y podamos llegar a ellos. Además, el acceso a la tecnología es en general barato, y nos iguala a los grandes. Tenemos acceso a desarrollos innovadores estemos donde estemos. Ya no es necesario vivir en Silicon Valley para encontrar desarrollos innovadores. Están en cualquier parte.

Gracias a la evolución de la logística nuestros productos se pueden “colocar” en cualquier parte del mundo con un coste razonable.

Hay que pensar en el cliente, no es tonto, no tiene que comprar lo que hago, sino que tengo que hacer lo que necesita. Hay que aprender a escucharle y para eso hay que preguntarle y desterrar pensamientos tendentes a pensar que el cliente es un indocumentado que no sabe lo que quiere. Si tú no se lo das, alguien lo hará.

Desde diciembre de 2007 la maltrecha situación de la economía española ha obligado a echar el cierre a un total de 125.421 empresas, lo que supone que casi el 10% del tejido empresarial ha desaparecido debido a la crisis, según el indicador Avance del Mercado Laboral de Afi-Agett, (Analistas Financieros Internacionales y la Asociación de Grandes Empresas de Trabajo Temporal). Yo no digo que todos estos cierres se puedan evitar, pero estoy seguro que más de uno sí.

Así, a todos esos empresarios que deciden ajustarse y esperar; y que su respuesta a su inmovilismo es: “Es que la cosa está muy mal”…, creo que corresponde decirles : “¡¡¡Pero Hombre!!!!, ¿tú haces algo diferente?.

Los particulares

Pero si innovar o reinventarse es una obligación para las empresas, lo es también en cierto modo para los particulares.

El otro día paseando por mi ciudad, me fijaba en la cantidad de locales comerciales que se han quedado vacíos con carteles de “Se alquila”, “Se vende” o “Se traspasa”. He paseado por calles comerciales donde cuatro de cada cinco locales estaban cerrados. Obviamente hay menos demanda para esos locales, pero ¿has intentado alquilar uno?.  Si preguntas por uno de estos locales (por cualquiera), te dirán, el alquiler es X, la duración del contrato Y, y me tienes que avalar Z.  Si todos me piden lo mismo, ¿dónde está la diferencia?, ¿no decimos que hay que reinventarse?, pues bien, esto se aplica también al negocio inmobiliario, que es otro que parece que está esperando a “que las cosas se recuperen”.

La realidad ahora mismo es que más de 95.000 comerciantes autónomos han tenido que cesar en su actividad en los últimos cinco años por la actual crisis económica, según informó ayer la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA). Es decir, el consumo se ha frenado y por tanto el comercio tradicional es el primero en sufrirlo. Los costes fijos no disminuyen, o no lo suficiente y la bajada de ingresos se los lleva por delante. Aquí, como en el caso de las empresas la medida rápida es la de apretarse el cinturón, pero eso no llega para evitar el cierre.

Y ojo, que no estoy diciendo que se pueden evitar los cierres siempre, pero en muchos casos no hacemos lo suficiente porque no nos han educado para “reinventarnos” e “innovar”.

Así, ante la frase: “Vamos a aguantar hasta que esto se recupere”, yo digo:

¡¡¡Pero Hombre!!!!, ¿tú haces algo diferente?

La administración

Este ya es el caso más sangrante de todos. La administración pone normas para los demás, para  el consumidor y para las empresas (grandes, PYMES y autónomos) y además, en teoría, pone las bases y crea las condiciones para orientar el desarrollo de la economía de un país, pero…. ¿Alguien ha visto un ápice de innovación?. ¿De verdad no se pueden hacer las cosas de una manera diferente?. Nos limitamos a ver lo que hacen otros y a replicarlo.

Hace unos años, con el principio de esta crisis se hablaba de la aplicación de políticas Keynesianas. John Maynard Keynes, primer barón Keynes (5 de junio de 1883 – 21 de abril de 1946) fue un economista británico, considerado como uno de los más influyentes del siglo XX. Un gran profesional y seguro que mejor persona, pero murió en 1946. ¿De verdad no hay políticas diferentes?.

La administración presta servicios a los ciudadanos y a las empresas. En teoría cada cuatro años, nos preguntan para saber qué deseamos. Creo que se deben replantear la manera de escuchar al “cliente”, porque a día de hoy, suponer que sólo podemos interactuar con el ciudadano y las empresas es cada cuatro años, en la era del Facebook, el wathsapp y resto de redes sociales, es poco menos que ridículo. Estaría bien que le dijésemos a las empresas, a las que pedimos que sean innovadoras, que le pregunten al consumidor y analicen sus necesidades cada cuatro años. Sin exagerar, estoy seguro que la administración se preocupa por captar información con más frecuencia, pero lo que no tengo claro es qué hacen con lo que escuchan, porque desde luego para innovar en los servicios que prestan, poco. E innovar es ir más allá que poner una pasarela de pagos a disposición del consumidor para pagar impuestos.

Así que a la administración también se le puede decir:  ¡¡¡Pero Hombre!!!!, ¿tú haces algo diferente?.

La conclusión no es negativa, pretende ser positiva y optimista. Hay un millón de oportunidades, de nuevos negocios, de nuevas formas de hacer las cosas a todos los niveles. Hagámoslo, o por lo menos intentémoslo.

Advertisements