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Llevo ya algún tiempo queriendo hablar de esto. De cómo la tecnología ha entrado y está presente en nuestras vidas. Me considero un tipo “tecnológico” y soy de los que creen que la tecnología es buena. Creo  además que sus aplicaciones infinitas aun están por explotar y que queda un apasionante mundo que recorrer en ellas.

Pero este post, no está tan dedicado a alabar a las nuevas tecnologías, sino a reflexionar sobre cómo estas han irrumpido en nuestras vidas, y sobre todo aquellas que tienen una carácter más social y que creo que están cambiando la manera de relacionarnos y de establecer dichas relaciones.

Tengo 39 años. Como he dicho anteriormente soy un tipo tecnológico, es decir, me gusta la tecnología, sobre todo lo que tiene que ver con la aplicación de la misma y no tanto con sus tripas. Aun así, no soy un experto ni un usuario avanzado. Soy usuario de Facebook, Twitter, Linkedin, Skype y Wathsapp, además de un montón de aplicaciones más, tipo foros, que aunque también tienen un marcado carácter social y de relaciones, no son tan invasivas como las que he citado.

  • En mi Facebook tengo 152 amigos a día de hoy. No sé si es mucho o poco. Supongo que estaré en la media. 
  • En mi Skype tengo a un grupo de unos 45 contactos, algunos personales y los que más, profesionales.
  • En mi Linkedin tengo a 109 contactos y me reconozco poco activo en esta herramienta.
  • En Twitter soy poco activo, no sé a los que sigo ni los que me siguen, aunque me consta que son poquitos.
  • En mi Wathsapp tengo toda mi agenda del teléfono que no sé cuantos son, pero muchos. Ahora mismo estoy activo en unos 6 grupos.

Es decir, soy, socialmente, un tío normal. Pues un tío normal como yo ha recibido en los últimos tiempos más de 20.000 mensajes de Wathsapp. Sí, cualquiera puede ver cuántos mensajes de wathsapp recibe y cuántos envía de una manera sencilla en la propia aplicación.

Hoy, día 26 de Marzo, he recibido a estas horas del día (18:00):

  • 85 mensajes de Wathsapp (2 mientras escribo esto) procedentes de 7 contactos diferentes. (Los he contado. Me gusta documentarme cuando escribo!!!!!)
  • Yo he enviado 13 mensajes de respuesta a esos wathsapp además de 2 que inicié yo.
  • He recibido unas 100 actualizaciones de estado en Facebook, y se han comentado 7 fotos mías o relacionadas conmigo, además de “comentarios” y “me gusta” a “comentarios” que en su momento hice yo.
  • En el linkedin he tenido una solicitud de contacto, además de interesarme durante tres minutos por las actualizaciones de mis contactos.
  • En el skype he mantenido contactos con tres personas. Uno de caracter personal y dos profesionales.

A parte de esto también he hecho mi trabajo (tengo la suerte de ser de los españoles que lo tienen). Aunque también me considero menos productivo porque estoy invadido por las interrupciones de la tecnología.

Con este resumen en números, vengo a decir, que estamos “abordados” por la tecnología. No digo desbordados, digo “abordados”, por lo que tienen de invasivas todo este tipo de aplicaciones. Nadie nos ha enseñado a utilizarlas, pero alguien nos ha puesto un “smartphone” en la mano, todas esas aplicaciones y venga!!!!, a utilizarlas como buenamente puedas. Lo malo es que yo soy consciente de que no las estamos utilizando bien y eso me genera inquietud. Eso no es bueno, pero peor que eso, es que además somos los encargados de enseñar a nuestros hijos cómo se usan, y ahí si vamos mal. Muy mal.

Os voy a poner un ejemplo, y que levante la mano el mentiroso que no se sienta reflejado, porque no me creo nada especial:

Reunión de 6 adultos (entre los que me encuentro) alrededor de una mesa en una cafetería de un hotel. Conversación animada sobre como ha transcurrido un día de vacaciones, vacaciones que los 6 adultos reunidos estábamos compartiendo. De repente uno de los adultos, echa la mano al bolsillo y saca su teléfono móvil. Acto seguido se pone a teclear con una sonrisa y comenta algo sobre un mensaje que un amigo común había puesto en su Wathsapp. Automáticamente, todos echamos mano de nuestros móviles, cual revolver en el oeste, como si nos estuviésemos perdiendo algo importantísimo.  

Así, cesa la conversación. Todos estamos centrados en nuestro teléfono y sucede algo increíble. Empezamos a cruzarnos mensajes entre los 6 que estamos en la mesa. Intercambiándonos fotos del día y comentarios a dichas fotos. Hasta aquí, ya analizado desde fuera es la leche, no me lo podéis negar. Pero lo mejor está por venir. En ese momento se acerca mi hijo (7 años) y me dice: “Papá, ¿me dejas el teléfono para jugar?”. A lo que yo le contesto seriamente: “Hijo, el teléfono no es un juguete y además me quedo sin batería”. Mi hijo se me queda mirando y se va a jugar con sus amigos.

¿A que es curiosa la historia?, ¿de verdad soy raro?, ¿nadie más se siente identificado?, si estás sonriendo es porque tú también lo has hecho. ¿O no? 

Me siento que he vuelto a la adolescencia. Me falta el acné, tampoco tengo bigotillo de pelusa, pero siento, como sentía entonces, la imperiosa necesidad de estar en contacto con mis amigos todo el día. Necesito contarles lo que hago y saber lo que hacen. Miramos la pantalla de nuestro móvil, como un acto reflejo, decenas de veces al día. Y yo no soy de los que se consideran activos, pero gracias a los que sí lo son yo estoy recibiendo mensajes continuamente y lo cachondo es que nos gusta.

Mi hijo me ha llegado a decir: “¿Ya estás con el telefonito otra vez?”. ¡¡¡Leches, que si mi hijo me está diciendo esto con 7 años, va a ser verdad que estoy mucho con el teléfono!!!. Cómo le voy a explicar yo, el buen uso que debe hacer del aparatito si yo no sé como utilizarlo.

No niego toda la parte positiva que tiene todas estas nuevas maneras de comunicarnos. No niego que se facilitan muchas relaciones, que se organizan “eventos” con más facilidad, pero creo que el que nadie nos haya dado un manual está haciendo mucho daño. Creo sinceramente que hablamos menos en persona y más por el sistema de mensajería de nuestro móvil. Además está el hecho de que modifica nuestros comportamientos. En muy poco tiempo ha generado hábitos que son iguales a algunas drogas. Solo he estado enganchado a una droga: el tabaco, y debo decir, que la única vez que me he quedado sin teléfono móvil (por una avería), la sensación fue bastante parecida al mono que padecí cuando dejé de fumar. Irritabilidad, ansiedad,… Supongo que estas cosas se habrán estudiado, pero a día de hoy, hay pocas cosas que me hagan volver a mi casa si me las olvido por la mañana. Probablemente solo 2: mi móvil y mis gafas (más que nada porque sin ellas no puedo ver los mensajes de mi móvil).

Creo que esto es para reflexionar y pararnos a pensar. Seguramente hay un nicho de negocio y ya hay algún experto dando cursos sobre la materia. Creo que todos esos “gurús” que han sacado magníficas teorías sobre la gestión del tiempo y la productividad personal, se enfrentan a un nuevo reto. A ver como lo resuelven. Yo, estaré atento. Ahora os dejo, que me acaba de entrar un Wathsapp.

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